logo apag

TEXTOS GRUPALES

Texto Grupal 4

La familia y la salud mental

Isabel Trigales Neira

Encuentro de Salud Mental y Familia. Organizado por AVIFES (Asociación Vizcaína de Familiares y Enfermos Psíquicos). Getxo, 9 -10-1997.

Isabel Trigales Neira (Miembro de A.P.A.G.)

Psicóloga. Centro Salud Mental Uribe – Costa. Osakidetza – Servicio Vasco de Salud.

………………………………………………………………………………………………………………………………………………….

INTRODUCCIÓN

Plantear hoy en este encuentro, un espacio de reflexión sobre la familia se debe a que, en nuestra experiencia en el tratamiento a pacientes psíquicos que han vivido al menos un estado de descompensación psicótica, que han necesitado ingresos hospitalarios, o que sin llegar a ello no pueden llevar una vida normalizada, la participación de la familia nos parece fundamental, y porque hemos comprobado que sin su ayuda y colaboración los pacientes no mejoran.

Desarrollo

Hablar de la familia con todo lo que sucede y lo que nos sucede en ella no es algo sencillo y que pueda resumirse brevemente.

Todos hemos crecido en un contexto familiar más o menos estable, más o menos conflictivo.

Todos hemos vivido momentos gratos y difíciles, y de alguna manera todos hemos tenido que sufrir momentos críticos (de cambio) a lo largo de nuestro desarrollo individual y hemos tenido que adaptarnos no siempre fácilmente a lo que supone crecer, comprometernos con la vida, hacer una pareja, una familia propia, y pasar por lo agradable y complicado de la crianza y adolescencia de los hijos.

En algún momento también hemos tenido que enfrentarnos a situaciones de enfermedad y muerte dentro del seno familiar y sabemos de lo difícil que es pasar por determinadas situaciones inherentes al proceso normal de la vida y de la muerte.

Con todo, hoy nos hallamos en una situación particularmente dolorosa que es la de VIVIR CON o CONVIVIR con un hijo o hija o cualquier otro familiar (un padre, una esposa u otro miembro de la familia de origen) que no puede llevar una vida de relación normal, que nos transmite su confusión, su miedo, su abandono, su inadaptación a la realidad, y casi siempre que se encuentra en una situación de indefensión (en nuestra experiencia las manifestaciones agresivas y de aislamiento son caras diferentes de esa forma de vivirse y de vivir su vida).

Por mucho empeño que la familia ponga, no es fácil vivir con un hijo tan enfermo o con cualquier otro familiar que pueda sentirse tan enfermo.

Con todo, desde lo que yo he podido percibir, es aún más dolorosa la sensación de impotencia que pueda hacer sentir alguien tan necesitado y que además rechaza la ayuda que tratamos de darle.

Para abrir paso a un intercambio aquí, voy a tratar de transmitirles brevemente algunos aspectos, seguramente nada nuevos para Ustedes, no desde la teoría, sino desde la experiencia en el tratamiento de familias en nuestro Hospital de Día.

  1. Normalmente, el primer contacto familiar se produce después de un ingreso hospitalario. El paciente y la familia acuden en un momento crítico, con la necesidad de ser atendidos y escuchados como sujetos particulares y por el sufrimiento derivado de la crisis.
  2. Todos se encuentran cada vez más encerrados en sí mismos, cada vez más aislados del medio social. Un medio que a veces aísla al hijo enfermo y un medio del que, tanto la familia como el hijo, por lo general han estado distanciados.
  3. Acuden con la necesidad de soluciones médicas para el enfermo y de aliviar su sufrimiento y malestar, que inicialmente atribuyen a la enfermedad del hijo.
  4. Con la desesperación de que la ayuda recibida hasta el momento en los diversos tratamientos ensayados no les ha proporcionado alivio.
  5. Y en la mayoría de los casos con la convicción de que nada puede hacerse para mejorar la situación.
  6. Aún así, sigue estando la necesidad de ayuda y una cierta esperanza de encontrar una respuesta diferente.

En nuestra experiencia, lo que en un primer momento se plantea como una petición de tratamiento médico eficaz para el hijo enfermo, se va evidenciando como una necesidad de ayuda en todos y cada uno de los miembros del grupo familiar.

En ocasiones, alguno de los padres en otro hermano han podido necesitar ayuda psicológica o psiquiátrica, porque en algún momento se han venido abajo por situaciones múltiples: la muerte de un abuelo, un cambio de trabajo, una relación de pareja que no es lo que se esperaba que iba a ser… o la boda de algún hijo que ha dejado un vacío demasiado grande. Actualmente, con la incidencia de la toxicomanía u otros trastornos englobados en el diagnóstico de anorexia, por nombrar enfermedades graves, la familia, más en particular la madre, suele volcarse en ese hijo enfermo con lo que se altera el orden o equilibrio familiar. En alguna ocasión, en estas circunstancias, algún otro hijo ha perdido su estabilidad o ha vivido una descompensación psicótica.

Creemos que el paso por situaciones difíciles o por conflictos individuales no resueltos, quedan en cada uno de nosotros como una zona vulnerable que ha sufrido una herida… herida que vuelve a abrirse a cada nuevo acontecimiento vital o familiar que supone un dolor o una decepción intolerable.

Y cuando alguien se deprime o se repliega en sí mismo por cualquier vivencia lo suficientemente significativa, los otros miembros del sistema familiar se REsienten.

Y el hijo o familiar psicótico no es una excepción. Hemos tenido junto con la familia muchas ocasiones de observar la extraordinaria sensibilidad del hijo enfermo a los estados depresivos de cualquiera de los padres, a sus situaciones de desencuentro emocional y a sus aspectos más frágiles, por mucho que como adultos lo queramos ocultar.

Y hablando de HERIDAS y desde la familia, ¿qué supone una enfermedad grave y con ciertos matices específicos la enfermedad mental y la crisis como su forma más aguda?

  1. Siempre es una herida.
  2. Siempre es un desgarro.
  3. Siempre es una situación en la que el paciente entra en pánico pero también los familiares.
  4. Habitualmente se trata de una situación confusa en la que la desorientación, la angustia y la pena lo invaden todo.
  5. El paciente puede hablar un lenguaje incomprensible y lo que dice muchas veces tiene contenidos inquietantes.
  6. En ocasiones se siente amenazado y amenaza.
  7. Otras veces no dice nada. Aparentemente está desconectado, no participa.

Todas sus defensas se dirigen a librarse del conflicto con LA realidad y con SU realidad… – En nuestra experiencia vamos viendo juntos que tanto en lo que el paciente dice como en lo que la familia dice, siempre hay una parte de verdad y de razón. – Las quejas, los reproches, las descalificaciones desde cada miembro del grupo familiar tienen su razón de ser cuando pueden expresarse.

Sin necesidad de estar enfermo, cualquiera que se sienta continuamente descalificado o criticado en lo que dice, en lo que siente y en lo que percibe, además de llegar a dudar de sus propias percepciones, puede estar agresivo contra el que siente que lo descalifica, agresividad que procede de un yo herido por la crítica.

Un hijo puede enfadarse con nosotros si no se siente comprendido, pero también una madre ante ciertas actitudes del esposo o un padre ante ciertas actitudes de la madre y de los hijos por las que se siente sin lugar. Y el paciente psicótico también.

Otras veces el enfado tiene que ver con todo aquello que nos frustra o con quien no nos permite o nos prohíbe hacer lo que queremos. También podemos imaginar lo que sería que actuáramos tan impulsivamente: nosotros, nuestros hijos y desde luego el enfermo, que está en una situación más vulnerable. Es cierto que éste ha dado muestras desde mucho antes de la crisis de que algo no iba demasiado bien: un parón en los estudios, una actitud demasiada retraída en el colegio o un comportamiento difícil de llevar.

Pero si nos paramos a pensar podemos ver que inhibirse, poner la responsabilidad en los demás, desconectarse o descontrolarse puede ser una forma de respuesta en todos.

En la medida en que pasada la situación de crisis, el tratamiento continúa, vemos que en la familia como en toda familia, y existe una forma de relación más estable, más contínua y permanente en la que todos se hayan implicados desde siempre con:

  1. Una forma de comunicación en la que puedan expresarse o no las cosas o los estados afectivos.
  2. Con un clima emocional de confianza o desconfianza, de seguridad o de preocupación.
  3. Con unas actitudes habituales de protección o sobreprotección.
  4. Ciertas formas de convivir: con grandes expectativas e ideales o con determinados repartos de funciones.

Lo que siempre es necesario en una primera etapa de la vida en todo proceso normal de crecimiento: LA NECESIDAD DE PROTECCION Y DEPENDENCIA tendrá que irse transformando en una capacidad mayor de autonomía. Si pensamos en los hijos unos son más independientes… a otros vemos que les cuesta más…

Pero desde nosotros: ¿no es cierto que dejar de proteger o de entregarse a ese hijo que nos absorbe más puede hacernos sentir también un sentimiento de vacío?. Los hijos nos necesitan…, pero también puede ocurrir que como padres necesitemos demasiado de ellos. Y ellos lo saben.

Todos podemos entender que es muy necesario la confianza y que en la convivencia puedan expresarse las cosas y los estados afectivos: la alegría, la tristeza, la preocupación, el optimismo o la inseguridad, los enfados y las críticas. Pero muchas veces la tristeza, la rabia o el amor son escondidos o negados como si no existieran incluso para nosotros mismos: de alguna manera tratamos de evitar todo aquello que nos produce malestar. Los hijos y la persona enferma también lo intentan y muchas veces porque nos tienen demasiado en cuenta.

También sabemos y hemos compartido situaciones en las que la importancia de los ideales como el éxito social, el dinero o el prestigio económico pueden transformarse en una exigencia enorme. ¿Y qué sucede cuando esos Ideales no los podemos alcanzar?. A nosotros o a ese hijo en quien hemos puesto tantas ilusiones?.No alcanzar determinados ideales no significa que no se pueda vivir bien por otros caminos diferentes…, pero eso es algo que todos tenemos que aceptar.

En toda familia las funciones de CUIDAR y poner ORDEN y LIMITES resumen todo un proceso muy complejo en el que no nos podemos extender, y que nos corresponde como padres hasta que los hijos alcanzan la autonomía y madurez que deseamos. Cuando esas funciones recaen únicamente o más puntualmente en uno, la sensación de soledad y de exigencia pueden resultar abrumadoras. En muchas circunstancias del día a día a veces no sabemos o no podemos responder y es necesario o sería deseable poder compartir esas funciones… Pero ¿no creen que en ocasiones con nuestras actitudes no contamos o no dejamos sitio a quien por otra parte pedimos o exigimos que intervenga?. ¿No creen que no permitimos que las decisiones o las dudas pueden compartirse entre los padres?

El enunciado del programa que nos reúne hoy es la “familia y la salud mental”.

Podemos llegar a conocer esquemas teóricos de cómo deberían ser las cosas, de lo que es bueno o lo que dificulta el convivir gratificantemente…, pero eso no deja de ser UN IDEAL. Creo que todos funcionamos y nos relacionamos lo mejor que podemos y lo mejor que sabemos en los distintos aspectos de nuestra convivencia.

COMO PROFESIONALES Y TERAPÉUTAS FAMILIARES

  1. Partimos del criterio básico de que el niño pequeño, en ocasiones el adolescente y desde luego el paciente en crisis, no poseen los recursos del yo adulto, bien porque tienen que desarrollarse o porque en algún momento del crecimiento se han perdido o detenido.
  2. Entendemos que las formas patológicas del funcionamiento mental se organizan para neutralizar el sufrimiento psíquico, y sabemos que las defensas puestas en juego en lugar de resolver el sufrimiento lo incrementan.
  3. También que ciertas formas de vivir las relaciones y los vínculos hacen que los conflictos y los síntomas se perpetúen y que es preciso que haya modificaciones en la forma habitual de con-vivir, para que también el paciente pueda ir haciendo cambios y para que pueda situarse de una forma diferente con sus dificultades y con su propio crecimiento.

En relación con todo ésto:

  1. Tratamos de favorecer el clima de confianza y de seguridad necesarios para que ese proceso se produzca.
  2. Intentamos acompañarles en los momentos de necesidad y apoyo y de favorecer los procesos de separación y de individualización: los hijos crecen, sus intereses primordiales dejan de coincidir con los de sus mayores y el Ideal de Unión permanente en la familia es algo deseado, pero que no se puede sostener si que queremos que se hagan cargo de sí mismos.
  3. Tratamos de ayudar a la familia, a comprender el lenguaje primitivo de los ACTOS Y CONDUCTAS. Si lo logramos, alguno de los síntomas desaparecen y paralelamente disminuye la ansiedad y confusión en el sistema familiar.
  4. Intentamos ponernos a disposición de todos para entender qué queremos decir, además del sentido literal de las palabras.
  5. De ayudarles a diferenciar qué aspectos de nosotros mismos creemos ver en los demás.
  6. A distinguir qué tiene que ver con la NECESIDAD o con los DESEOS a los que ninguno generalmente queremos renunciar.
  7. resolver conflictos o situaciones del pasado individual que están presentes en el “aquí” y “ahora”.

En mi experiencia, decirles como persona y como terapeuta que llegar a conseguirlo TODO, SERIA OTRO IDEAL.

También y para concluir:

  • Que es posible hacer cambios que nos hagan disfrutar más de la vida y que pongan en marcha las bases necesarias para que el enfermo mental grave mejore y en muchos casos, si se dan las condiciones personales y ambientales necesarias, para que salga de la situación en la que está.